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'50 años latiendo juntos: Latina y yo' por Antonio Beres

50 años latiendo juntos: Latina y yo 

Mi vida ha latido al ritmo de Latina. Y no es una metáfora. Si hoy el distrito celebra sus 50 años de existencia oficial como distrito único de Madrid, yo puedo decir que he recorrido buena parte de ese camino junto a él, compartiendo sus transformaciones, sus alegrías, sus dificultades y su crecimiento. 

He sido fiel a Latina prácticamente toda mi vida. Es cierto que durante un breve periodo le fui infiel y viví fuera de sus límites, pero terminé regresando. Porque hay lugares que no son simplemente un sitio donde vivir; son parte de quienes somos. Y Latina siempre ha sido eso para mí: hogar, identidad y pertenencia. 

He tenido la fortuna de vivir en tres de sus siete barrios: Las Águilas, Aluche y Lucero. Casi la mitad de los barrios que conforman este distrito tan diverso y tan vivo. En cada uno de ellos he dejado una parte de mi historia y he recogido recuerdos que me acompañarán siempre. 

Conocí desde niño la primera sede de la Junta Municipal de Latina, situada a apenas trescientos metros de la casa que me dieron mis padres, Julia y José. Ellos, como tantos otros hombres y mujeres llegados desde distintos lugares de España, ayudaron a construir este distrito con su trabajo, su esfuerzo y sus sueños. Este relato quiere ser también un homenaje a aquella generación de pioneros que convirtió descampados y terrenos de labor en barrios llenos de vida. A quienes ya no están entre nosotros y a quienes todavía nos acompañan. 

Aquella Junta Municipal fue uno de mis primeros lugares de descubrimiento. En su pequeña biblioteca pública pasé muchas horas de mi infancia. Entre aquellos libros despertaron la curiosidad, el aprendizaje y el gusto por conocer el mundo que me han acompañado toda la vida. 

También guardo un recuerdo imborrable de mi colegio, Luz del Valle. Aunque con el tiempo haya cambiado de nombre, sus instalaciones continúan formando parte del paisaje emocional de muchos vecinos. Ojalá sigan siendo durante muchos años un espacio de formación, convivencia y oportunidades para las nuevas generaciones. 

Durante aquellos años disfruté también de la piscina de la Cooperativa Jesús Divino Obrero, auténtico germen del actual barrio de Las Águilas. Allí pasamos interminables jornadas de verano que hoy forman parte de los recuerdos más felices de mi infancia. 

Recuerdo perfectamente la apertura del Mercado de Las Águilas. Antes de su construcción, aquel espacio era una huerta. Su llegada facilitó enormemente la vida cotidiana de los vecinos, que ya no tenían que desplazarse largas distancias para realizar sus compras. Son esos pequeños avances los que realmente transforman el día a día de un barrio. 

Otro lugar fundamental en mi juventud fue el Polideportivo de Aluche. Allí tuve la oportunidad de vivir una experiencia extraordinaria: conocer a Nadia Comaneci, recién consagrada como la mejor gimnasta del mundo. Para un joven del distrito aquello fue algo difícil de olvidar. 

Y cómo no recordar el Centro Comercial San Ignacio de Loyola, pionero entre los centros comerciales urbanos de la zona. Allí nos reuníamos los jóvenes de entonces, compartíamos tardes enteras y descubríamos nuevas formas de diversión. Por sus alrededores comenzaron a aparecer aquellos primeros patinetes que después conoceríamos como skates, símbolo de una juventud que hacía de las calles de Latina su lugar de encuentro. 

Si hubo un lugar especial durante mi adolescencia fue el Parque de las Cruces. Allí descubrimos el valor de la amistad, el sentimiento de pertenencia a la pandilla y también los primeros enamoramientos. Fue uno de esos escenarios donde dejamos atrás la niñez para comenzar a construir nuestra propia identidad. 

Con el paso del tiempo llegaron los estudios en los institutos. Primero en Latina y más tarde en el centro de Madrid. Cada mañana tomaba la línea 17 de la EMT para acudir a clase. Durante aquellos trayectos observaba una realidad que me impresionaba profundamente: las chabolas del Cerro de la Mica. Aquellas imágenes reflejaban una realidad social dura que marcó una época. 

Ya era consciente entonces del drama que las drogas estaban provocando en muchos barrios madrileños. La heroína dejó una huella devastadora en toda una generación. Algunos compañeros de estudios se quedaron en el camino, víctimas de una adicción que truncó demasiadas vidas y demasiados proyectos. Su recuerdo también forma parte de esta historia. 

Por fortuna, con el paso de los años aquellas zonas fueron transformándose. Espacios degradados dieron paso a barrios más dignos, seguros y acogedores. Latina ha sabido evolucionar y mejorar sin olvidar nunca sus raíces. 

Y vuelvo a recordar el famoso depósito, aquella antigua sede de la Junta Municipal que durante tantos años formó parte del paisaje cotidiano del distrito. Allí acudíamos los jóvenes para ser "tallados" antes de cumplir con el servicio militar obligatorio. Más tarde participábamos en el tradicional sorteo de la mili en alguno de los acuartelamientos de Campamento. Aquellos terrenos militares, tan ligados a la historia de Latina, están llamados a convertirse algún día en un nuevo barrio que seguirá ampliando la vida y el futuro de nuestro distrito. 

También hemos sido testigos de la construcción del Centro Comercial Plaza de Aluche, que aportó modernidad, actividad económica y nuevos espacios de encuentro para miles de vecinos. Resulta curioso comprobar cómo, justo enfrente, continúa celebrándose cada sábado el tradicional mercadillo, demostrando que la modernidad y las costumbres de siempre pueden convivir perfectamente. 

Debo hacer una mención especial a la actual sede de la Junta Municipal de Latina, situada junto a la plaza del C.C. Plaza de Aluche, y desde la que afortunadamente participo de manera muy directa en las cuestiones y asuntos relacionados con la vida cotidiana de los vecinos del Distrito. Nunca podré olvidar el día en el me incorporé como Vocal Vecino del Distrito. 

Hemos conocido además una intensa vida nocturna en distintos rincones del distrito. Una vida que generó ocio, diversión y actividad económica, aunque también ocasionara algunos inconvenientes propios de cualquier zona especialmente dinámica. Pero Latina siempre ha sido un distrito lleno de energía y de ganas de vivir. 

Hemos contemplado transformaciones urbanas que cambiaron la ciudad para siempre. Recuerdo especialmente el soterramiento de la M-30 y el nacimiento de Madrid Río. Aquella actuación eliminó barreras históricas y creó uno de los espacios públicos más exitosos y apreciados de la ciudad, beneficiando a millones de madrileños. 

También hemos disfrutado de innumerables fiestas populares en Aviación, Las Águilas, Batán, Campamento, Barrio Goya, Los Cármenes y tantos otros rincones del distrito. Verbenas que llenaban las calles de música, convivencia y alegría. Pero si hay unas fiestas que se han convertido en la gran referencia de Latina son las del Parque Aluche. Por sus escenarios han pasado grandes figuras de la música española de todos los estilos, congregando a miles de personas en auténticas celebraciones colectivas que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones. 

No todo han sido alegrías. También hemos vivido momentos especialmente difíciles. La pandemia del COVID-19 y la borrasca Filomena pusieron a prueba nuestra capacidad de resistencia. Fueron tiempos de incertidumbre, sacrificio y dolor, pero también de solidaridad y compromiso vecinal. Una vez más, Latina supo estar a la altura. 

Y esa solidaridad no se limita a nuestros barrios. He visto cómo los vecinos de Latina se movilizaban una y otra vez para ayudar a otras zonas de España golpeadas por catástrofes y desgracias. Esa capacidad de tender la mano cuando más se necesita es uno de los mayores orgullos de este distrito. 

Durante estos cincuenta años hemos visto mejorar los equipamientos, los servicios públicos, las comunicaciones, los parques, las calles y la calidad de vida. Quedan retos por afrontar, sin duda, pero el camino recorrido ha sido extraordinario. 

Mientras Latina crecía, yo también lo hacía. Aquí, encontré a la soñada compañera de vida y formé mi propia familia. Me atreví a emprender alguna aventura empresarial y comercial en el distrito. Aquí he vivido algunos de los momentos más felices de mi vida. Aquí despedí a mis padres, Julia y José, y también a muchos vecinos y amigos que formaron parte de aquella generación fundadora que convirtió este distrito en un lugar mejor para vivir. 

Hoy, coincidiendo con las bodas de oro de Latina, tengo además la enorme satisfacción personal de participar de manera más directa en las cuestiones que afectan a nuestro distrito. Poder contribuir modestamente a su presente y a su futuro es una forma de devolver parte de todo lo que Latina me ha dado. 

Cuando miro atrás comprendo que la historia de este distrito y la mía han discurrido en paralelo durante medio siglo. Hemos crecido juntos. Hemos superado dificultades juntos. Hemos celebrado éxitos juntos. 

Y seguiremos haciéndolo. 

Seguiremos viendo cómo desaparecen viejas cicatrices urbanas, como la transformación de la A-5, que hará más amable, saludable y humana la vida de miles de vecinos y de todos los madrileños. Seguiremos disfrutando de mejores parques, mejores calles, mejores servicios y una mayor calidad de vida. 

Porque Latina sigue latiendo. 

Y yo sigo latiendo con ella. 

Cincuenta años latiendo en Madrid. 

Cincuenta años compartiendo calles, recuerdos, sueños, esfuerzos y esperanzas. 

Cincuenta años creciendo juntos. 

Y lo mejor de todo es que todavía nos queda mucho por latir.

Antonio Beres, portavoz vocales vecinos PP Latina

2 comentarios:

María dijo...

A seguir escribiendo vivencias por muchos años.

Anónimo dijo...

Vamos kike. Ojalá te veamos en tve cuando ganemos. Viva la guardia civil.

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