50 años latiendo juntos: Latina y yo
Mi vida ha latido al
ritmo de Latina. Y no es una metáfora. Si hoy el distrito celebra sus 50 años
de existencia oficial como distrito único de Madrid, yo puedo decir que he
recorrido buena parte de ese camino junto a él, compartiendo sus
transformaciones, sus alegrías, sus dificultades y su crecimiento.
He sido fiel
a Latina prácticamente toda mi vida. Es cierto que durante un breve periodo le
fui infiel y viví fuera de sus límites, pero terminé regresando. Porque hay
lugares que no son simplemente un sitio donde vivir; son parte de quienes
somos. Y Latina siempre ha sido eso para mí: hogar, identidad y pertenencia.
He
tenido la fortuna de vivir en tres de sus siete barrios: Las Águilas, Aluche y
Lucero. Casi la mitad de los barrios que conforman este distrito tan diverso y
tan vivo. En cada uno de ellos he dejado una parte de mi historia y he recogido
recuerdos que me acompañarán siempre.
Conocí desde niño la primera sede de la
Junta Municipal de Latina, situada a apenas trescientos metros de la casa que
me dieron mis padres, Julia y José. Ellos, como tantos otros hombres y mujeres
llegados desde distintos lugares de España, ayudaron a construir este distrito
con su trabajo, su esfuerzo y sus sueños. Este relato quiere ser también un
homenaje a aquella generación de pioneros que convirtió descampados y terrenos
de labor en barrios llenos de vida. A quienes ya no están entre nosotros y a
quienes todavía nos acompañan.
Aquella Junta Municipal fue uno de mis primeros
lugares de descubrimiento. En su pequeña biblioteca pública pasé muchas horas
de mi infancia. Entre aquellos libros despertaron la curiosidad, el aprendizaje
y el gusto por conocer el mundo que me han acompañado toda la vida.
También
guardo un recuerdo imborrable de mi colegio, Luz del Valle. Aunque con el
tiempo haya cambiado de nombre, sus instalaciones continúan formando parte del
paisaje emocional de muchos vecinos. Ojalá sigan siendo durante muchos años un
espacio de formación, convivencia y oportunidades para las nuevas generaciones.
Durante aquellos años disfruté también de la piscina de la Cooperativa Jesús Divino
Obrero, auténtico germen del actual barrio de Las Águilas. Allí pasamos
interminables jornadas de verano que hoy forman parte de los recuerdos más
felices de mi infancia.
Recuerdo perfectamente la apertura del Mercado de Las
Águilas. Antes de su construcción, aquel espacio era una huerta. Su llegada
facilitó enormemente la vida cotidiana de los vecinos, que ya no tenían que
desplazarse largas distancias para realizar sus compras. Son esos pequeños
avances los que realmente transforman el día a día de un barrio.
Otro lugar
fundamental en mi juventud fue el Polideportivo de Aluche. Allí tuve la
oportunidad de vivir una experiencia extraordinaria: conocer a Nadia Comaneci,
recién consagrada como la mejor gimnasta del mundo. Para un joven del distrito
aquello fue algo difícil de olvidar.
Y cómo no recordar el Centro Comercial San
Ignacio de Loyola, pionero entre los centros comerciales urbanos de la zona.
Allí nos reuníamos los jóvenes de entonces, compartíamos tardes enteras y
descubríamos nuevas formas de diversión. Por sus alrededores comenzaron a
aparecer aquellos primeros patinetes que después conoceríamos como skates,
símbolo de una juventud que hacía de las calles de Latina su lugar de
encuentro.
Si hubo un lugar especial durante mi adolescencia fue el Parque de
las Cruces. Allí descubrimos el valor de la amistad, el sentimiento de
pertenencia a la pandilla y también los primeros enamoramientos. Fue uno de
esos escenarios donde dejamos atrás la niñez para comenzar a construir nuestra
propia identidad.
Ya era consciente entonces del drama que las drogas estaban
provocando en muchos barrios madrileños. La heroína dejó una huella devastadora
en toda una generación. Algunos compañeros de estudios se quedaron en el
camino, víctimas de una adicción que truncó demasiadas vidas y demasiados
proyectos. Su recuerdo también forma parte de esta historia.
Por fortuna, con
el paso de los años aquellas zonas fueron transformándose. Espacios degradados
dieron paso a barrios más dignos, seguros y acogedores. Latina ha sabido
evolucionar y mejorar sin olvidar nunca sus raíces.
Y vuelvo a recordar el
famoso depósito, aquella antigua sede de la Junta Municipal que durante tantos
años formó parte del paisaje cotidiano del distrito. Allí acudíamos los jóvenes
para ser "tallados" antes de cumplir con el servicio militar
obligatorio. Más tarde participábamos en el tradicional sorteo de la mili en
alguno de los acuartelamientos de Campamento. Aquellos terrenos militares, tan
ligados a la historia de Latina, están llamados a convertirse algún día en un
nuevo barrio que seguirá ampliando la vida y el futuro de nuestro distrito.
También hemos sido testigos de la construcción del Centro Comercial Plaza de
Aluche, que aportó modernidad, actividad económica y nuevos espacios de
encuentro para miles de vecinos. Resulta curioso comprobar cómo, justo
enfrente, continúa celebrándose cada sábado el tradicional mercadillo, demostrando
que la modernidad y las costumbres de siempre pueden convivir perfectamente.
Debo hacer una mención especial a la actual sede de la Junta Municipal de
Latina, situada junto a la plaza del C.C. Plaza de Aluche, y desde la que
afortunadamente participo de manera muy directa en las cuestiones y asuntos
relacionados con la vida cotidiana de los vecinos del Distrito. Nunca podré
olvidar el día en el me incorporé como Vocal Vecino del Distrito.
Hemos
conocido además una intensa vida nocturna en distintos rincones del distrito.
Una vida que generó ocio, diversión y actividad económica, aunque también
ocasionara algunos inconvenientes propios de cualquier zona especialmente
dinámica. Pero Latina siempre ha sido un distrito lleno de energía y de ganas
de vivir.
Hemos contemplado transformaciones urbanas que cambiaron la ciudad
para siempre. Recuerdo especialmente el soterramiento de la M-30 y el
nacimiento de Madrid Río. Aquella actuación eliminó barreras históricas y creó
uno de los espacios públicos más exitosos y apreciados de la ciudad,
beneficiando a millones de madrileños.
También hemos disfrutado de innumerables
fiestas populares en Aviación, Las Águilas, Batán, Campamento, Barrio Goya, Los
Cármenes y tantos otros rincones del distrito. Verbenas que llenaban las calles
de música, convivencia y alegría. Pero si hay unas fiestas que se han
convertido en la gran referencia de Latina son las del Parque Aluche. Por sus
escenarios han pasado grandes figuras de la música española de todos los
estilos, congregando a miles de personas en auténticas celebraciones colectivas
que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones.
No todo han
sido alegrías. También hemos vivido momentos especialmente difíciles. La
pandemia del COVID-19 y la borrasca Filomena pusieron a prueba nuestra
capacidad de resistencia. Fueron tiempos de incertidumbre, sacrificio y dolor,
pero también de solidaridad y compromiso vecinal. Una vez más, Latina supo
estar a la altura.
Y esa solidaridad no se limita a nuestros barrios. He visto
cómo los vecinos de Latina se movilizaban una y otra vez para ayudar a otras
zonas de España golpeadas por catástrofes y desgracias. Esa capacidad de tender
la mano cuando más se necesita es uno de los mayores orgullos de este distrito.
Durante estos cincuenta años hemos visto mejorar los equipamientos, los
servicios públicos, las comunicaciones, los parques, las calles y la calidad de
vida. Quedan retos por afrontar, sin duda, pero el camino recorrido ha sido
extraordinario.
Mientras Latina crecía, yo también lo hacía. Aquí, encontré a
la soñada compañera de vida y formé mi propia familia. Me atreví a emprender
alguna aventura empresarial y comercial en el distrito. Aquí he vivido algunos
de los momentos más felices de mi vida. Aquí despedí a mis padres, Julia y
José, y también a muchos vecinos y amigos que formaron parte de aquella
generación fundadora que convirtió este distrito en un lugar mejor para vivir.
Hoy, coincidiendo con las bodas de oro de Latina, tengo además la enorme
satisfacción personal de participar de manera más directa en las cuestiones que
afectan a nuestro distrito. Poder contribuir modestamente a su presente y a su
futuro es una forma de devolver parte de todo lo que Latina me ha dado.
Cuando
miro atrás comprendo que la historia de este distrito y la mía han discurrido
en paralelo durante medio siglo. Hemos crecido juntos. Hemos superado
dificultades juntos. Hemos celebrado éxitos juntos.
Y seguiremos haciéndolo.
Seguiremos viendo cómo desaparecen viejas cicatrices urbanas, como la transformación
de la A-5, que hará más amable, saludable y humana la vida de miles de vecinos
y de todos los madrileños. Seguiremos disfrutando de mejores parques, mejores
calles, mejores servicios y una mayor calidad de vida.
Porque Latina sigue
latiendo.
Y yo sigo latiendo con ella.
Cincuenta años latiendo en Madrid.
Cincuenta años compartiendo calles, recuerdos, sueños, esfuerzos y esperanzas.
Cincuenta años creciendo juntos.
Y lo mejor de todo es que todavía nos queda
mucho por latir.
Antonio Beres, portavoz vocales vecinos PP Latina











2 comentarios:
A seguir escribiendo vivencias por muchos años.
Vamos kike. Ojalá te veamos en tve cuando ganemos. Viva la guardia civil.
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